martes, mayo 14, 2024
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Descubre la Estatua de la Libertad: Historia y Simbolismo

La Estatua de la Libertad, un emblema reconocido globalmente, se cree que fue inspirada por Isabella Eugénie Boyer. Su rostro se alza a 93 metros sobre el suelo, resplandeciendo bajo el sol y soportando con firmeza las tormentas.

Circundada por las vastas aguas del océano y bajo la mirada de aviones y aves, esta estatua dirige su vista hacia Europa. Anualmente, recibe a millones de personas; en 2022, por ejemplo, tuvo a tres millones de visitantes en su estructura pétreo.

Nacimiento de un Símbolo

Al sur de Manhattan, en la Isla de la Libertad, se erige este colosal regalo de Francia, cuyo nombre original es «La Libertad iluminando al mundo». Esta impresionante estructura de 225 toneladas, compuesta de cobre, oro, acero y hierro fundido, fue inaugurada el 28 de octubre de 1886. Aunque celebraba el centenario de la Declaración de Independencia de EE. UU., su finalización se demoró diez años más de lo previsto.

La iniciativa de este regalo monumental provino de Eduardo Laboulaye, un jurista y político francés, quien encargó a su amigo, el joven escultor Frédéric Auguste Bartholdi, el diseño del mismo. Los materiales fueron seleccionados por el arquitecto Eugene Viollet-le-Duc y la estructura interna fue diseñada por el ingeniero Alexandre Gustave Eiffel, famoso por la torre parisina que lleva su nombre.

A pesar de enfrentar varios contratiempos, incluyendo versiones iniciales en terracota que resultaron infructuosas y la falta de apoyo estadounidense durante la cesión de Alsacia a los alemanes en 1871, el proyecto fue retomado y finalmente completado, consolidándose como un símbolo perdurable de libertad y democracia.

Un vínculo argentino

Interesantemente, una de las primeras réplicas de la estatua, de solo tres metros de altura, se ubicó en Barrancas de Belgrano, Buenos Aires, en la calle Pampa, once años antes que la versión estadounidense.

Esta réplica lleva inscrita la dirección “Val d’Osne -8 Rue Voltaire”, el lugar del taller francés donde se creó la icónica Estatua de la Libertad, destacando la relevancia histórica de Argentina en aquel tiempo.

Frédéric Auguste Bartholdi, el escultor detrás de la Estatua de la Libertad, viajó a Estados Unidos para seleccionar el lugar ideal para su ubicación, finalmente elegido como la isla de Bedloe, que en 1956 fue renombrada como la Isla de la Libertad.

Para lograr este fin, Bartholdi se reunió con el entonces presidente Ulysses Grant, ya que la isla había sido una base militar y requería la aprobación del Congreso.

En 1874, la creación de la Unión Franco-Estadounidense facilitó la recaudación de fondos para la construcción del monumento, atrayendo aproximadamente a 100,000 donantes y organizando una variedad de eventos como espectáculos teatrales, deportivos, subastas y exposiciones de arte.

Material y Construcción

Las piedras usadas para la base del monumento fueron importadas desde las canteras de Euville, un pueblo francés conocido por su piedra duradera y resistente a la erosión por agua.

Aunque Bartholdi esperaba completar la estatua para el centenario de la Declaración de Independencia en julio de 1876, diversos contratiempos, incluido el daño a una mano de la escultura en marzo de ese año, retrasaron el proyecto.

La Estatua de la Libertad llegó a Estados Unidos en un espectacular despliegue logístico, distribuida en 350 piezas contenidas en 214 cajas, tras un largo viaje desde Francia.

Este impresionante cargamento fue transportado por tren hasta Rouen, navegó a través del río Sena y finalmente zarpó desde el puerto de El Havre a bordo de la fragata francesa Isere. El emblemático monumento llegó a las costas de Nueva York el 17 de junio de 1886.

Una vez en suelo estadounidense, la estatua fue meticulosamente ensamblada en el sitio de su ubicación permanente, y sus piezas fueron cuidadosamente unidas con remaches de cobre. La inauguración de este monumental regalo tuvo lugar el 28 de octubre de 1886, evento que contó con la presencia del entonces presidente estadounidense Grover Cleveland.

Simbolismo y Reconocimiento

La corona de la Estatua de la Libertad está adornada con siete puntas, simbolizando los siete continentes y los siete mares, y posee 25 ventanas en su corona que permiten vistas panorámicas de la ciudad. En su mano derecha, sostiene una antorcha, un poderoso símbolo de iluminación para la humanidad, mientras que en su mano izquierda porta una tabla que evoca la ley.

La parte superior de la antorcha está recubierta de oro, brillando como un faro de esperanza. A sus pies, se encuentran cadenas rotas, representando el triunfo sobre la opresión y la tiranía.

Desde 1984, la Estatua de la Libertad es reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y figura entre las siete maravillas del mundo moderno, evocando la majestuosidad del Coloso de Rodas, una de las maravillas del mundo antiguo.

Misterio sobre la Inspiración del Rostro

Existen diversas teorías sobre la inspiración detrás del rostro de la Estatua de la Libertad. Algunos creen que podría haber sido modelada tras la diosa griega Hécate, mientras que otros sugieren que Bartholdi pudo haberse inspirado en su propia madre. Sin embargo, la teoría más extendida es que el modelo físico utilizado por el escultor fue el rostro de Isabelle. Pero, ¿quién fue Isabelle? Vamos a explorar su historia.

Isabelle Eugénie Boyer nació en París el 17 de diciembre de 1841, hija de Louis Noël Boyer, un pastelero de origen africano, y Pamela Lockwood, originaria de Inglaterra. Isabelle creció como una de los seis hijos de la pareja.

El 13 de junio de 1863, con 22 años y esperando un hijo, Isabelle se casó en Nueva York con Isaac Merritt Singer, un hombre de 52 años en ese momento. Singer no era un hombre común; era el fundador de la Singer Sewing Machine Company y el inventor de lo que se conoció como «el motor para coser», patentado en 1851.

Impacto de Singer y Controversias Matrimoniales

El invento de Singer revolucionó la industria textil. Para 1860, su compañía, que se convirtió en la primera multinacional de Estados Unidos, producía 60,000 máquinas anualmente, exportando un cuarto de ellas. La máquina de Singer, capaz de realizar 900 puntadas por minuto, era veinte veces más rápida que el trabajo manual de una costurera experimentada.

Sin embargo, la vida personal de Singer fue notablemente tumultuosa. Aunque ya era rico y poseía una mansión en la Quinta Avenida, su vida amorosa fue un complejo laberinto de matrimonios, affaires y escándalos. Antes de su unión con Isabelle, estaba casado con Mary Ann Sponsler y ya había tenido múltiples hijos con varias mujeres.

El matrimonio con Isabelle detonó un escándalo mayor cuando Mary Ann lo acusó de bigamia y logró que fuera arrestado. Singer optó por pagar una fianza y huir.

Vida en Europa y Legado

Alejándose de las miradas críticas de Nueva York, donde enfrentaban rechazo debido a las controversias personales de Singer, Isabelle lo acompañó primero a París. Sin embargo, el estallido de la guerra franco-prusiana les hizo trasladarse a Gran Bretaña en busca de tranquilidad.

En Paignton, Singer compró una extensa propiedad de siete hectáreas donde construyó la opulenta Oldway Mansion, terminada en 1873. Esta grandiosa mansión, adornada con un teatro interno, fue decorada en un refinado estilo francés, reflejando la opulencia y el estatus alcanzado por la familia.

Esta mudanza fue motivada en parte por el rechazo que enfrentaban en la alta sociedad neoyorquina debido a las numerosas relaciones y descendencia de Singer, un escándalo que incluso afectó la capacidad de su empresa para obtener créditos bancarios. Se dice que Singer llegó a tener hasta 24 hijos.

Isabelle y Isaac se establecieron en la majestuosa Oldway Mansion junto a sus seis hijos: Mortimer, Washington, Paris (quien más tarde remodelaría la mansión), Franklin, Winnaretta, y Isabelle. El diseño de los jardines, con cascadas, grutas y vegetación subtropical, convertía el lugar en un verdadero paraíso. Desafortunadamente, Isaac Singer disfrutó de su nuevo hogar por poco tiempo, falleciendo en 1875.

Los jardines de la propiedad estaban adornados con cascadas, grutas y vegetación subtropical, creando un escenario exótico. Sin embargo, Isaac Singer solo pudo disfrutar brevemente de este paraíso, falleciendo a los 66 años el 23 de julio de 1875.

Dejó una fortuna estimada en 14 millones de dólares (equivalentes a más de 400 millones de dólares hoy día) y dos testamentos, lo que desencadenó una serie de disputas legales y familiares hasta que Isabelle fue reconocida como su viuda legítima, convirtiéndose en una mujer extremadamente rica y codiciada. Posteriormente, decidió trasladarse con sus seis hijos a París.

La Viuda Rica

Como viuda acaudalada, Isabelle se convirtió en una figura indispensable en el mundo del arte pictórico y musical. Fue durante este tiempo cuando conoció a Frédéric Auguste Bartholdi, el escultor de la Estatua de la Libertad, quien quedó cautivado por las facciones de Isabelle, inspirándose en ella para el rostro de la famosa estatua.

Isabelle, ahora una de las viudas más ricas y alegres, frecuentaba círculos de la realeza y la alta industria.

Su vida tomó un giro romántico cuando conoció a Víctor Reubsaet, un carismático músico holandés divorciado, quien era cantante, pianista y violinista con éxito internacional. Víctor no tardó en enamorarla y se casaron el 8 de enero de 1879, cuando Víctor tenía 35 años e Isabelle 37.

Un Nuevo Comienzo en París

La pareja se instaló en una vasta propiedad en el número 27 de la Avenue Kléber, en París, que contaba con una entrada amplia para varios carruajes y establos para diez caballos. Víctor, prefería ser llamado Nicolás y comenzó a viajar por Europa, disfrutando del patrimonio de su esposa y entretener a la nobleza.

Aunque hijo de un zapatero, Víctor afirmaba descender de condes y marqueses, y logró que el rey italiano Umberto I le otorgara el título de Duque de Camposelice por sus servicios en las colonias italianas. Isabelle, a su vez, se convirtió en la Duquesa de Camposelice.

La pareja de Isabelle y Nicolás era una presencia constante en las soirées de la aristocracia francesa, y Nicolás desarrolló una pasión por coleccionar violines Stradivarius, llegando a acumular siete de estos valiosos instrumentos.

Tensión Familiar

Los hijos mayores de Isabelle sintieron que Víctor había tomado el lugar de su padre demasiado pronto, y su temperamento irascible y ocasionalmente violento añadió aún más tensión al ya cargado ambiente familiar.

Winnaretta, que llegó a París con solo diez años tras la muerte de su padre, desarrolló un fuerte rechazo hacia su padrastro. Durante su adolescencia, se reconoció como lesbiana y, al cumplir 18 años, reclamó su parte de la herencia. A pesar de tener que compartirla con sus 24 hermanos, recibió una suma que en la actualidad equivaldría a unos 20 millones de dólares, con la cual compró una casa.

A pesar de su orientación sexual, Winnaretta se casó dos veces, ambas con príncipes. La primera vez fue con Louis de Scey-Montbéliard, principalmente para escapar del hogar familiar. Durante la noche de bodas, protagonizó una escena dramática al subirse a una cómoda, abrir un paraguas y amenazar a su esposo diciendo: «Me tocas y te mato». El matrimonio se anuló cinco años después por no haberse consumado.

Su segundo matrimonio, en diciembre de 1893, fue con el príncipe Edmond de Polignac, quien era treinta años mayor y también homosexual. La pareja disfrutó de una vida juntos llena de libertad y felicidad, y Winnaretta se estableció como una influyente mecenas musical.

Se dice que financió gran parte de las investigaciones de Marie Curie y mantuvo varias amantes mujeres. En una ocasión, el esposo de una de ellas desafió a Winnaretta a un duelo, que nunca llegó a realizarse, pero que fortaleció su leyenda.

Paris Singer: De la Renovación a la Tragedia

Paris Singer, otro de los hijos destacados de Isabelle, renovó en 1904 Oldway Mansion, la residencia que su padre había construido. Posteriormente, se dedicó a los negocios inmobiliarios en Florida, Estados Unidos, donde incluso una isla lleva su nombre. A pesar de su vida poco convencional, se casó y tuvo cinco hijos.

Tuvo un romance apasionado con la famosa bailarina y coreógrafa Isadora Duncan, a quien apoyó financieramente. En 1910, tuvieron un hijo, Patrick, quien trágicamente murió ahogado en 1913 junto a su hermana Deirdre y su niñera, en un accidente automovilístico en el río Sena en París.

De manera irónica, catorce años después, Isadora también falleció en un accidente automovilístico, estrangulada por su propia chalina que se enredó en las ruedas del coche.

Un Legado Imperecedero

Para Isabelle Eugénie Boyer, ser la posible inspiración de la Estatua de la Libertad representó otro logro en su vida llena de éxitos inesperados, fruto de su afortunada unión con Isaac Singer. Ella había ascendido a la cima de sus aspiraciones, disfrutando de una existencia que difícilmente habría imaginado sin su acaudalado esposo.

Pérdida y Homenaje

En 1887, tras ocho años de un unido matrimonio, Víctor enfermó gravemente y falleció en París a la edad de 43 años. Profundamente afectada por la pérdida, Isabella, con 46 años en ese momento, decidió erigir un majestuoso mausoleo en su memoria.

Este monumento lo situó en los jardines de la Iglesia de Saint-Georges en Pennedepie, un lugar cercano a su adorada residencia de verano, como un eterno tributo a su amor compartido.

Nuevos Comienzos y Final de una Era

No obstante su profundo dolor, Isabella no se entregó al luto prolongado. Siguió adelante con su vida, viajando por el mundo y, en 1891, a la edad de 50 años, se casó nuevamente. Su nuevo esposo fue Paul Sohège, un conocido coleccionista de arte. Juntos, Isabella continuó viviendo una vida repleta de viajes y compromisos sociales hasta sus últimos días.

El 12 de mayo de 1904, Isabella falleció en su residencia de París, situada en el número 22 de la avenida Bois de Boulogne, en el distrito XVI. Aunque su vida, rica y plena, parecía demasiado corta a pesar de sus 62 años, especialmente bajo los estándares de longevidad de hoy, Isabella Eugénie Boyer vivió de manera completa, alcanzando un estatus casi eterno gracias a Bartholdi.

Su legado perdura, inmortalizado no solo en su historia personal sino también en su mirada eterna desde la Estatua de la Libertad, que continúa dominando el horizonte y trascendiendo el tiempo.