viernes, abril 19, 2024
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Explora Sri Lanka: De Ceilán a las Joyas del Budismo

Muchos desconocen que Sri Lanka, anteriormente conocida como Ceilán durante su período como colonia británica, es una isla de pequeñas dimensiones situada al sur de la India.

A pesar de su reducido tamaño de 65.000 km², más pequeña que la provincia argentina de Formosa, alberga a una población de veintidós millones, predominando el budismo, y coexistiendo con una impresionante cantidad de cinco mil elefantes.

Una peculiaridad para los visitantes es la imposibilidad de rentar un vehículo sin la compañía de un conductor, una tradición que perdura de la época británica. Incluso los residentes optan por esta modalidad para trayectos superiores a los 20 km, lo que explica por qué numerosos alojamientos disponen de habitaciones para choferes.

Estos conductores, además de manejar, actúan como guías turísticos y conocen cómo manejar situaciones donde los elefantes puedan bloquear el camino, recurriendo a la distracción con frutas, como la sandía, para despejar la ruta.

Para adentrarse en la esencia de la isla, el punto de partida ideal es el Triángulo Cultural situado al norte, que comprende la zona entre Anuradhapura, Polonnaruwa y Kandy, la antigua capital.

Anuradhapura: Un Viaje en el Tiempo

Esta área se destaca por su rica colección de reliquias arqueológicas que narran la introducción del budismo en la isla, con más de dos milenios de antigüedad.

Sorprendentemente, Sri Lanka cuenta con ocho lugares nombrados Patrimonio de la Humanidad, superando a Egipto en este aspecto, a pesar de su considerablemente menor extensión territorial.

Anuradhapura, una ciudad sagrada, ofrece un recorrido a pie o en bicicleta a través de caminos rodeados de exuberante vegetación tropical, salpicados de antiguas ruinas, templos y estupas que se remontan al siglo IV a.C., marcando la llegada del budismo a la isla y su predominio durante catorce siglos.

Las estupas, construcciones budistas destinadas a albergar reliquias sagradas, son emblemáticas de esta región. La estupa de Thuparama, de color blanco y datada en el siglo III a.C., fue la primera de su tipo en la isla, mientras que la estupa de Jetavanaramaya, con sus 71 metros de altura y construida con 94 millones de ladrillos, se cuenta entre las más grandes del mundo, siendo un punto de encuentro para diez mil monjes.

Cerca de allí, las antiguas piscinas de Kuttam Pokuna invitan a una pausa para un pícnic antes de continuar la exploración.

Dentro de este contexto histórico y espiritual se encuentra el árbol con registro escrito más antiguo del mundo, una higuera de diciembre de 236 a.C., que proviene de un esqueje de la higuera bajo la cual Siddartha Gautama, Buda, alcanzó la iluminación en India, ubicada dentro del complejo Parque Real Maha Megha Vana.

Otra experiencia única para los viajeros es el sonido de golpes secos durante la noche, producidos por los guardianes que pasan la noche en torres de vigilancia para proteger las plantaciones de arroz de los elefantes.

Estos animales, venerados y protegidos bajo severas penas, son disuadidos únicamente por el sonido, motivo por el cual las áreas de cultivo están equipadas con estas estructuras de vigilancia.

Sri Lanka: La Majestuosa Sigiriya y el Arte de Dambulla

Sigiriya, situada unos kilómetros al sur, es una formación rocosa espectacular que emerge de la selva, convirtiéndose en un destino obligado para los visitantes. Inscrito en la lista de Patrimonios de la Humanidad en 1982, su cumbre alberga los restos de lo que fue un suntuoso palacio real edificado en el siglo V durante el reinado de Kasyapa.

La entrada original estaba flanqueada por imponentes garras de león esculpidas en piedra, ahora reemplazadas por escaleras metálicas. Kasyapa eligió este sitio para su residencia huyendo de posibles atentados por parte de su hermano. En la ruta hacia la cima, todavía es posible admirar pinturas de damas ofreciendo frutas, con sus torsos descubiertos.

En Sigiriya, es común ver monjes de túnica naranja y cabezas afeitadas meditando serenamente bajo las higueras, ajeno al bullicio. Además de las ruinas y las antiguas piscinas del palacio, el panorama de la densa jungla circundante es impresionante.

Cerca de allí se encuentra el Templo de la Cueva de Dambulla, otro sitio reconocido como Patrimonio de la Humanidad, que resguarda 154 estatuas de Buda y de reyes, junto con murales que adornan 50 cuevas.

Estas cuevas sirvieron como refugio a un rey durante una invasión india en el siglo I a.C., quien luego erigió el templo y las obras artísticas en señal de gratitud, consideradas hoy en día como joyas del arte budista.

Sri Lanka: En honor a un diente

Viajando cien kilómetros hacia el sur, se llega a Kandy, el corazón del fervor budista en Sri Lanka, hogar del sagrado Templo del Diente de Buda (Sri Dalada Maligawa). Este complejo, rodeado de muros y proclamado Patrimonio de la Humanidad en 1988, guarda una reliquia venerada: un diente de Buda.

Según la leyenda, la princesa Hemamala ocultó el diente en su cabello cuando huyó hacia Sri Lanka en el 328 a.C. Los británicos se apoderaron del diente durante la colonia, pero fue devuelto solemnemente con la independencia en 1948. La reliquia se muestra brevemente al público dos veces al día.

Al igual que en otros lugares sagrados, los visitantes deben descalzarse para entrar. En el interior, músicos descalzos y con atuendos tradicionales tocan tambores frente a las puertas de plata del santuario, que están decoradas con grandes colmillos de elefante.

Kandy: Corazón Espiritual de Sri Lanka

El ambiente y los trajes recuerdan a los de la película «Indiana Jones y el templo de la perdición», filmada en parte en Kandy.

Monjes y devotos ascienden al primer piso, llevando ofrendas como flores de lirio y arroz, para venerar el relicario dorado que guarda el diente de Buda, expuesto sobre una mesa de plata detrás de una reja dorada.

Anualmente, durante el festival Esala Perahera que dura 10 días, la reliquia es llevada en procesión nocturna por las calles de Kandy, portada en un palanquín sobre el lomo del elefante más imponente de la isla, adornado con orfebrería y telas lujosas, seguido por más elefantes ataviados y los kapurales, custodios del templo, al ritmo de cantos y tambores. Este evento tan esperado comienza el 10 de agosto de cada año.

En ruta hacia Nuwara Eliya, el corazón montañoso de la isla, se encuentran talleres de joyería que exhiben las riquezas subterráneas de Sri Lanka, incluyendo zafiros autóctonos, rubíes, turmalinas, topacios, amatistas y las exclusivas piedras de luna arcoíris.

Entre valles y cultivos

La región montañosa de Nuwara Eliya, situada a 2500 metros de altitud, se presenta como un refrescante contraste frente al clima cálido y húmedo de Kandy. Su clima fresco y neblinoso cautivó a los colonizadores británicos, quienes establecieron vastas plantaciones de té, extendiéndose sobre 2000 hectáreas de la variedad autóctona de Ceilán.

Las construcciones de té de la década de 1930 se han transformado en alojamientos donde los visitantes tienen la oportunidad de recolectar té ataviados con trajes tradicionales indios: saris para ellas y sarongs para ellos, llevando cestas atadas a la frente.

La experiencia incluye desde la recolección hasta el aprendizaje del proceso de secado y degustación de distintas calidades en el propio hotel.

El trayecto en tren de Nuwara Eliya a Ella ofrece vistas espectaculares de las colinas, bosques y campos de té, a menudo adornados con neblina y arcoíris.

Continuando en coche hacia las costas del sur durante la luna llena, se puede experimentar la celebración de Vesak Poya, donde las casas se iluminan con linternas y se comparten alimentos en una muestra de hospitalidad y comunidad.

Antes de alcanzar las costas, el Parque Nacional de Yala ofrece la oportunidad de observar búfalos, leopardos, una gran diversidad de aves tropicales y más elefantes. La ciudad de Galle, con su pintoresco ambiente de villa pesquera, destaca por su histórico fuerte y faro erigidos por los portugueses en el siglo XV.

Fue un importante puerto en el comercio de especias, especialmente la canela, nativa de Sri Lanka. Cerca de allí, Mirissa seduce con sus hermosas playas y la singular técnica de pesca de los locales, quienes se asientan en altas varas sobre el mar.

En el camino de regreso a Colombo por la única autopista del país, se observan los daños causados por los elefantes en los muros de protección, evidenciando su fuerza e impacto en la infraestructura local.

Información de interés

Atractivos y actividades

  • Gamini Gems: Un espacio que combina museo con taller de orfebrería, donde se pueden adquirir joyas y piedras preciosas. Ubicado en Hudson Road 312, Waratenne, Halloluwa.
  • Festival del Diente de Buda (Esala Perehara): Se celebra entre el 10 y el 20 de agosto en Kandy, siendo uno de los eventos más significativos.

Gastronomía

El arroz con curry se erige como el plato típico, servido con una variedad de pequeñas porciones de carnes, pescados y vegetales en salsa de curry. Aunque los locales tienen la habilidad de comerlo con la mano, para los visitantes puede resultar un desafío evitar mancharse.

Visado

Los viajeros argentinos necesitan visado para ingresar a Sri Lanka, el cual puede obtenerse online en aproximadamente 3 días hábiles por un costo de 143 dólares, permitiendo estancias de hasta 30 días.

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