viernes, abril 19, 2024
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Yacaratiá: Innovación Gastronómica desde Misiones

En la ciudad de Eldorado, Misiones, se encuentra la innovadora empresa familiar Yacaratiá, nombrada así por el singular árbol que utiliza para elaborar sus productos únicos.

Este emprendimiento, que posee un método de producción patentado, destaca por convertir un árbol caído, conocido por su ausencia de celulosa y su comestibilidad, en una variedad de delicatessen.

La empresa Yacaratiá, dirigida actualmente por Vanina Pascutti, tiene sus raíces en el trabajo de Roberto Pascutti, su fundador. Este ingeniero forestal dedicó gran parte de su vida a estudiar la flora de Misiones, descubriendo el potencial del árbol yacaratiá, cuyo tronco sin celulosa resultó ser una fuente rica en magnesio, potasio y fósforo.

Ubicada a 100 km de Puerto Iguazú, la pyme ha logrado extender su alcance internacionalmente, llegando a mercados en Europa, Israel, Estados Unidos y Medio Oriente. Aunque las ventas internacionales están en pausa a la espera de la estabilización de la economía argentina, el interés por sus productos sigue vigente a nivel global.

La historia detrás del yacaratiá se remonta a los manuscritos jesuitas que relatan cómo los guaraníes consumían larvas de los troncos caídos de este árbol.

Sin embargo, la innovación de Yacaratiá no reside en las larvas, sino en la madera misma, la cual, tras un proceso de tres días guardado celosamente bajo patente, se transforma en una variedad de productos comestibles, desde bombones y alfajores hasta mermeladas y láminas culinarias.

Este emprendimiento no solo ha superado retos regulatorios para obtener su patente, sino que también ha demostrado la seguridad y el valor nutricional de su producto a través de rigurosas pruebas.

El trabajo pionero de Roberto Pascutti ha sido reconocido tanto a nivel nacional como internacional, consolidando a Yacaratiá como la única firma global autorizada para comercializar madera comestible.

Sostenibilidad en el Corazón de Yacaratiá

Vanina Pascutti se compromete a preservar el legado de su padre, centrado en la contribución a la sostenibilidad: “Nuestro crecimiento está directamente vinculado a la capacidad del entorno y la disponibilidad de árboles. Nuestro producto es singular y posiblemente se mantendrá como una oferta exclusiva debido a sus características únicas.

Para nosotros, la sostenibilidad no es solo una política, es nuestro modo de vivir. Este árbol es un emblema local, y nuestra misión es valorizar lo que antes se desechaba en plantaciones ya establecidas, transformando lo que se consideraba residuo en recursos. No comprometemos el ecosistema que nos rodea”.

La empresa utiliza menos del 10% de los árboles caídos disponibles, teniendo la capacidad de aumentar significativamente su producción.

“Nuestra producción se limita a lo que la naturaleza nos ofrece; es exclusivo y único. Hemos recibido ofertas para adquirir nuestra patente, pero hemos decidido no venderla, manteniendo el compromiso de mi padre y el nuestro con el medioambiente. Nuestra visión trasciende la simple producción; se trata de preservar, educar, inspirar y valorar nuestro entorno. Aspiro a que las futuras generaciones, mis hijos y nietos, puedan prosperar en este mismo ambiente”, explica Vanina.

Para Vanina, esta dedicación a la sostenibilidad es más que una práctica; es una filosofía de vida y el legado más valioso que puede transmitir a sus descendientes, una herencia de responsabilidad ambiental y respeto por la naturaleza heredada de su padre.

Enfatiza la importancia de coexistir armoniosamente con nuestro entorno, concluyendo que “es esencial vivir y sustentarnos, pero es igualmente crucial asegurar la continuidad de nuestra existencia y la del planeta”.

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